Es una narración popular que posee elementos hiperbólicos e inverosímiles que denotan gracia, ingenio e imaginación desbordantes.  Es el origen de la narrativa guanacasteca y pertenece a la tradición oral de los pueblos... 

Contadera de tallas


CONCEPTO


- Otros autores la definen como un Cuento o historia anecdótica.    -Narración popular que posee elementos hiperbólicos e inverosímiles que denotan gracia, ingenio e imaginación desbordantes.  Es el origen de la narrativa guanacasteca y pertenece a la tradición oral de los pueblos.

 Un famoso contador de tallas  fue Julián Matarrita Ruiz, de quien se publicó el libro “Las tallas de Tío Julián”, recopilación de Hernán Gutiérrez.

Don Julián Matarrita era vecino de La Danta de Arado de Santa Cruz de Guanacaste. Hasta hace unos pocos años acostumbraba alegrar a sus vecinos  con sus relatos que hacían reír a niños, niñas y adultos. Así como él lo hacía, en casi todos los pueblos de Guanacaste existen personas que cuentan tallas, relacionadas con la vida cotidiana y el entorno natural, sobre todo en los más antiguos.

 

 

 

 

Algunos Ejemplos:


EL CANGREJO

 Hace como 17 años, más o menos, andaba" en la quebrada de Campero, pescando con un amigo mío: Marcelino Díaz.

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Mi papá nos había dicho que nunca metiéramos la mano en caletas donde uno no sepa qué animal puede haber.

Allá en la poza hondísima, Marcelino se puso a meter las manos por las cuevas, y al ratito tocó donde había pejes. - Tío, venga. Aquí hay pejales en esta caleta. Oiga cómo se oyen. A mí se me vino al recuerdo el consejo de mi padre y hay un dicho que dice:

el que sigue consejos, muere de viejo. Bueno, pero en la tanta necedad del hombre, yo metí también las manos.

La poza era hondísima, yo no le daba fin. Estoy yo acostado encima del agua, y metiendo las manos ahí en las caletas, cuando al poquito rato, iPláaaaaa!

Los dos dedos cogidos. Yo no sabía

si era culebra, cangrejo o un peje grande. - No se mueva. Si no se mueve, él lo va aflojando poco a poco, si él siente que uno no se mueve. Yo estaba así quedito, pero siento que el animal me aprieta más.- Es que usted se está moviendo.- No, hombre, si yo estoy quedito. Vea. iYa no lo aguanto más a este animal!

O me lo traigo o le dejo los dedos, de por sí ya me los trozó. Entonces vengo yo y jalo la mano con toda la fuerza. iFráaaaaaa! Ha visto usted que me le voy trayendo la mano a él. Con esa mano comimos tres días, yo con todo y mi familia,

que éramos seis miembros. - Si la mano era grandísima, ¿cómo será el cuerpo de ese animal?

A los días fui con el mismo Marcelino. - Vamos a buscar el cangrejo. Ya estamos y decimos a escarbar con una macana la caleta donde estaba, hasta que hallamos al animal. Tenía tres metros de circunferencia, lo que era el carapacho del cangrejo. Lo que a mí me tocó, yo calculo que fueron como 10 quintales. Yo hasta vendí manteca de ese cangrejo. Muy fino el aceite. Después nosotros arreglamos bien la concha. Ahí lavaba mi mamá, lavaban mis hermanas, en la misma concha lavaban cobijas y todo lo que querían, porque era grandísima. Después de todo, la travesura sirvió de provecho. Pero yo me acuerdo


 todavía del consejo de papá: nunca metan la mano donde no sepan qué clase de animal hay allí.

 

 

EL SACO Y EL TORO

               En cierta ocasión estaba Santa Cruz de fiestas.  Yo había sembrado unos frijoles y había cogido una buena cosecha.

                -¡Juanita! –le dijo yo a mi compañera.  ¿Qué dice usted, vendo los

                frijoles  para  tener  plata  para  las  fiestas?  La verdad es que los

                chinos se aprovechan y pagan  barato, después hay que comprar

                los frijoles hasta más caros.  ¿Qué dice usted?

                -¡No vaya Julián!, ¡no venda los frijoles!

 

                Bueno ya yo estaba decidido a no vender los frijoles y no ir a las fiestas.  Pero el 14 de enero, es el día que comienzan las Fiestas Patronales y es la entrada del Esquipulas al centro de la ciudad.

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                Yo andaba cerca del mediodía en Santa Cruz haciendo unas compritas.  Las calles estaban adornadas esperando la entrada del Santo.  Pero a mí no se me daba nada, porque ya estaba puesto que no iba.

                Al ser las doce en punto empezaron a romper las bombetas.  Frente a la iglesia reventaron doce bombetas, termina la iglesia y sigue la municipalidad con doce bombetas de doce truenos y después sigue la Comisión de fiestas con otras doce.

                Si a mí algo me pone enfermo es oír las bombetas.  Me pongo pero alegre.  Me pongo a rascar en una uña.

                -¡Carajo!, ¡ya estoy alborotado! Total, que somos de la muerte, ya no me aguanto esta insolencia, voy a vender los frijoles y me vengo para las fiestas.

                Ya me fui donde el chino Manuel Lee.

                -Hombré!  ¿Comprás frijoles?

                -Lo que tenel yo complal.  Todo flijol que tenel, yo compla!

                -¿Me podés comprar unos dieciséis quintales?

-Cómo no, todo lo que tenel.  ¿De qué colol?

                -Frijoles colorados, hombré.

                -Trael y yo complal.

                -¿A cómo los pagás?

                -A dieciséis colones el quintal.

                Le dije que me buscara los sacos, el cáñamo y la aguja para coserlos.  Se fue el chino y se metió a la bodega, pero no encontró sacos.  Entonces me trajo una saca grandísima, era como un toldo de grande.  Ahí le cabían como cien quintales.

                Bueno, ya la doblé y me la eché al hombro.

                Cuando yo iba por un barrio que llaman el Tusero, venía un toro grandísimo de la Hacienda de Marcial Arrieta.  El toro se había salido del corral y había cogido calle arriba.

Yo no me preocupé.  Yo andaba la saca en el hombro.  El toro se vino trotando atrás de mí.  Yo no me confíe y no le quité la vista.  Pero el toro seguro ya había sido jugado y ya sabía lo que era vaqueta.  Como me vio con la saca en el hombro el toro dijo: esta es vaqueta.


                Pero cuando me pegó la embestida, la saca se abrió y el toro, de la fuerza que llevaba, quedó adentro de la saca.                Entonces se me viene encima a hacerme el tiro.  Como yo vi que el toro venía, me apié la saca del hombro y me la puse de vaqueta.  El me pegó la embestida y yo como torero le saqué una suerte.

                Y dice ese toro a hacer fuerza, queriendo salirse de la saca.  Yo sentía que me iba a despegar el brazo, entonces me apuntalé en un tronco esquinero pero no lo solté.

                Como el rabo se le salía un poquito afuera de la saca, le retorcí el rabo con todo el pico a la saca y me lo eché al hombro.

Ahí cerca vivía un señor que se llamaba Tito Guevara, él compraba ganado.  Ya llegué donde él.

-¡Hombré Tito, aquí te traigo una encomienda.

-¿Qué me traes ahí?

-Hermano te traigo un torón, vení a verlo.

-Hombre qué toro más hermoso.  ¿Cuánto pedís por él?

-Mirá este es un toro de veinte mil pesos, pero para que no corramos muy largo, dame dieciséis mil colones y es tuyo.

-Dejámelo.

  Ya vino y me dió dieciséis mil colones.  Bueno yo gocé las fiestas, compré mudadas para mí, para la señora y para los güilas y n o tuve necesidad de vender los frijoles.

 

LA MUERTE Y LA GRIPE

 Yo maté a la gripe.

Una vez fui a Golfito, al hospital y yo viendo a ese gentillal.

 

Qué tiene usted?

Gripe.

Y usted?

Gripe.

Cómo todos los que estaban allí tenían gripe a mí se me ocurrió decir unas palabras:

Maldita gripe, me tocaras a mí para que veas lo que soy yo. Yo sí te voy a joder.

Yo lo dije así por decirlo. En eso cuando salí del hospital, frente al estero…me salió la gripe.

Vos fuiste el que estabas hablando tonteras de mí ahí en el hospital?

Sí, yo soy.

Vos dijiste que me ibas a matar? Pues ponéte, ya vamos a ver.

Pues va viaje.

Era una mujerona alta con una vara que envolvía en las naguas. Estábamos a la orilla del agua. Yo haciendo la fuerza que pude la zampé al estero y la ahogué.

Apenas se ahogó la vieja ya todos los enfermos que estaban en el hospital se curaron.

Mucho tiempo pasó que un hubo enfermedades de gripe. Los doctores son testigos de eso, que la gente no se enfermaba de gripe.

Allá a los tiempos, otro enfermo de gripe. Ya me fui yo.

Vos sos Julián Matarrita?

Mirá, yo soy hijo de mi mama.

Cuál mama?

Pues mi mama, la gripe.

¡Cho! Vos sos hijo de la gripe?

¿Vos fuiste el que la mataste, verdá? Pues ponéte vivo que yo te voy a joder.

Y nos agarramos con el hijo de la gripe. También lo maté. Después me salió un nieto y después me salían todos los familiares. Hasta tal extremo que yo ando huyendo de esta enfermedad, porque por donde quiera me salen sobrinos, nietos, primos hermanos…Todos me andan buscando.

Pero gracias a Dios aquí estoy.

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Recopilado de las "Tallas de mi tío Julian"

 

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